jueves, 15 de noviembre de 2012

Testigos ratificaron violaciones de DDHH



"LOS HECHOS
1.Como es de conocimiento público, en nuestro país entre 1972 y 1985, existió un proceso cívico militar que usurpó el poder a las autoridades constitucionalmente elegidas.
2.En ese contexto, dicho proceso inspirado por la doctrina de la seguridad nacional, puso en marcha en conjunto con otros de similar ideología de países de la región, un plan que persiguió la neutralización y/o eliminación de un conjunto de personas que integraban principalmente partidos de izquierdas, sindicatos y a todos aquellos que se opusieran a dichos regímenes ilegítimos.
3.Las mencionadas actividades ilícitas a pesar del tiempo transcurrido no han sido investigadas en forma, existiendo por parte del Estado nacional una omisión incomprensible dirigida a consolidar la impunidad de tales acciones.
4.Por tal razón, fue necesario que recientemente la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso “Gelman, c/Uruguay” en su párrafo 254 (“En consecuencia, el Estado debe disponer que ninguna otra norma análoga, como prescripción, irretroactividad de la ley penal, cosa juzgada, ne bis in idem o cualquier excluyente similar de responsabilidad, sea aplicada y que las autoridades se abstengan de realizar actos que impliquen la obstrucción del proceso investigativo”), recordara a todas las autoridades de los tres poderes del Estado uruguayo que están obligados a investigar, perseguir y juzgar a los responsables de tales atrocidades, no pudiendo ser impedida tal indagación por ninguna ley de caducidad, prescripción, amnistía, o institutos análogos.
5.Las denunciantes, al momento de su detención, eran militantes de distintos partidos políticos y gremios.
6.Los denunciados tuvieron activa participación durante la detención y prisión de las denunciantes en los distintos establecimientos carcelarios, siendo todos ellos responsables directos e indirectos por acción u omisión de la comisión de delitos calificados como de lesa humanidad cometidos en forma sistemática y planificada consistentes en delitos sexuales (violencia sexual, violación, desnudez, tocamientos, entre otros) y torturas (tales como plantones, picana, submarino, entre otros),, afectando su integridad física y mental y su derecho a la dignidad, principalmente, tal como surgen de los relatos que se adjuntan de cada una de las denunciantes.
7.La conducta desarrollada por los denunciados formó parte de un plan sistemático orquestado por quienes detentaban el poder en forma ilegítima cuya finalidad era la destrucción física, moral y psicológica de las detenidas con particular énfasis en su condición de mujeres, menoscabando su integridad física y mental y su dignidad con prácticas tales como la desnudez, la introducción de objetos en la vagina y ano, tocamientos, así como insultos degradantes y amenazas por la sola condición de ser mujeres llegando en muchos casos a la consumación de la violación.
8.De lo sumariamente expuesto se desprende que las detenidas eran doblemente victimizadas, tanto por su ideología como por su condición de mujer, utilizándose su cuerpo como un botín de guerra.
9.Asimismo, los incesantes traslados de carácter ilegal a los que eran sometidas tanto en Montevideo como en el interior, con total desconocimiento de las detenidas así como de sus familiares quienes perdían toda comunicación, configuraban en si mismo una violación a sus más elementales derechos fundamentales, siendo esta práctica de carácter sistemática y repercutiendo en forma por demás dañina en su salud física y psicológica.
10.Todas estas prácticas realizadas no sólo buscaban destruir a las detenidas sino que también procuraban morbosamente el placer de los torturadores en sus distintas manifestaciones, ya sea tocándolas, impidiéndoles el aseo por tiempo prolongado y cuando lo permitían observándoles permanentemente y apuntándoles con un arma, realizándoles plantones totalmente desnudas, no dejándolas dormir, soltándoles perros, , no brindándoles agua ni alimentos, impidiéndoles realizar sus necesidades básicas e incluso colocándole ratas en los genitales habiendo sido previamente untadas con grasa.
11.La violación sistemática de los derechos humanos de las detenidas con particular énfasis en su condición de mujeres se traduce indudablemente en violencia de género ejercida por agentes del Estado sin que las detenidas pudieran recurrir a ningún tipo de autoridad en su defensa.
12.De los relatos que las denunciantes habrán de aportar oportunamente ante la Sede surge un plan minuciosamente elaborado, general y sistemático que da cuenta de un patrón de conducta donde la violencia sexual y la tortura tenían como cometido la degradación psicofísica de las detenidas.
13.Los relatos son contestes tanto en cuanto a las agentes autores inmediatos de los apremios como de los mecanismos que operaban en los lugares de detención.
14.De los mismos surge que quienes detentaban el poder en forma ilegítima utilizaban mecanismos ilegales y perversos que permiten constatar el dominio absoluto que los agentes de la represión ilegal tenían sobre las mujeres detenidas y que sin dubitaciones iban mucho más allá que el mero empleo de formas de torturas ilegítimas en si mismas utilizadas para obtener información.
15.En efecto, de las prácticas realizadas se desprende no sólo el grado de ensañamiento empleado por los actores directos si no también el ensañamiento de los agentes de la represión por su condición de mujeres reafirmando su poder institucional y reproduciendo las relaciones de poder desiguales entre varones y mujeres. No se contentaban con utilizar mecanismos reñidos con la ley para obtener información si no que por el contrario disfrutaban perversamente de sus acciones.
16.La vulnerabilidad e indefensión de las detenidas es por demás elocuente estando a merced de la prepotencia y arbitrariedad del personal tanto subalterno como superior. Las atroces situaciones narradas encartan de forma genérica en el amplio elenco de delitos establecidos en el Código Penal en cuanto se trata de lesiones personales, privación de libertad, amenazas, violación, entre otros, delitos todos ellos que en el marco histórico producido configuran delitos de lesa humanidad.
17.Todo lo relatado nos obliga a citar la jurisprudencia reciente del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas relativa a los Derechos Humanos de las Mujeres donde se manifiesta que “ (…) es un hecho bien conocido que la pérdida de intimidad sumada a la perspectiva de sentir humillación solo porque se revelan determinados actos, pueda ser que tanto mujeres como hombres oculten el hecho de que han sido objeto de violación y/u otras formas de abuso sexual hasta que sea absolutamente necesario revelarlo. En el caso particular de las mujeres, existe el miedo adicional de la verguenza y el rechazo de su pareja o familiares”.
18.Dado que se procura denunciar a los responsables directos e indirectos sobre el presupuesto de estar frente a una violación de los DDHH realizada en forma sistemática y orquestada, es del caso resumir más allá de lo ya expresado que se cometieron las siguientes torturas: plantón, golpes en todo el cuerpo, picana en la vagina, desnudez, manoseo constante, amenazas de violación y violación consumada, estando permanentemente encapuchadas, no recibiendo alimentos ni agua y que como consecuencia de tales apremios algunas de ellas terminan siendo internadas en la sala 8 del Hospital Militar, submarino húmedo y seco, quemaduras con cigarros, picana en los brazos, cuello y genitales, entre otra. Algunas de ellas eran acosadas e insultadas por su ascendencia racial.
Las detenidas sufrieron: colgamientos con los brazos atados hacia atrás, les colocaban un arma en la boca y recibian golpes en el estómago y en las costillas quedando fisuras como consecuencia e ello, empalamiento con tolete, caballete con electricidad, exhibicionismo. También tortura de caballete y picana hasta sangrar y perder control de esfínteres. Imposibilidad de ir al baño y cuando lo hacían era en presencia de la guardia quien les apuntaba con el arma.
19.Asimismo como se expresara dentro del plan sistemático de tortura psicológica se pergeño el traslado constante de las detenidas que muchas veces durante todo el tiempo de reclusión deambulaban por distintos centros de detención sin que ni ellas ni sus familiares tuvieran conocimiento, siendo así en ese largo periplo pasaban por el Regimiento de Caballería No.9, al Regimiento de Caballería No. 4, La Tablada, Casa de Punta Gorda, 300 Carlos o 300 K, Cárcel del Pueblo, Cuartel de Cno. Maldonado Km.14, Regimiento de Artillería No. 1, Cuartel La Paloma, Batallón de Ingenieros No. 1, Regimiento de Infantería No. 1, Cuartel de Paso de los Toros, Batallón de Infantería No. 5 de Mecedes, Policía de Investigaciones de Mercedes, Cárcel de Paso de los Toros, Jefatura de Policía de Salto, Cuartel de Infantería No.7, Penal de Punta rieles, Hospital Militar y Jefatura de Policía de Montevideo."


NOTA COMPLETA SIGUIENDO EL LINK:

http://www.agesor.com.uy/noticia.php?id=2127 

martes, 17 de julio de 2012

COLOMBIA - INFORME PERIODÍSTICO
Informe Semanal: Violencia sexual, la guerra invisible

Según el Gobierno de Colombia, 3.500 mujeres son victimas de violaciones y torturas por parte de los militares, paramilitares o guerrilleros. Una cifra que Intermón Oxfam eleva a casi medio millón de víctimas en la última década. La violencia sexual se ha convertido en un arma más de la guerra que vive Colombia en zonas de conflicto y se lleva a cabo ante el silencio de la justicia y las autoridades del pais. Informe Semanal ha hablado con alguna de estas mujeres, que en la mayoria de los casos no se atreven a denunciar por miedo a represalias. Es la aportación del programa a la segunda semana que organiza RTVE bajo el lema "Concienciados con la igualdad"."




http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-violencia-sexual-guerra-invisible/1043678/

martes, 3 de abril de 2012

Acompañamiento psicosocial a testigos-víctimas y familiares-víctimas de violencia sexual


Acompañamiento psicosocial a testigos-víctimas y familiares-víctimas
Construyendo puentes para saldar las deudas de los estados: La violencia sexual contra las mujeres en terrorismo de Estado y situaciones de conflicto armado interno.
Lic. Fabiana Rousseaux, Argentina.
Lic. María Celia Robaina, Uruguay.
CLADEM Uruguay
23/3/2012


http://www.asuntospublicos.tv/conferencias/798/?playlist=205#.T3uCIIRZlEk.facebook

viernes, 30 de marzo de 2012

Amicus Curiae - Cladem Uruguay

Siguiendo el link puede verse el encuentro organizado por Cladem en diciembre 2011


AMICUS CURIAE de CLADEM en el caso GELMAN vs URUGUAY
Participantes: Dr. Jorge Ruibal Pino, Suprema Corte De Justicia; Sra. Rosana Pastor, AECID ; Dra. Ana Lima, CLADEM Uruguay; Dr. Daniel Bejas, Juez Penal Federal de la Provincia de Tucumán, Argentina; Dra. Rosa Chiacchio, CLADEM Uruguay; Dra. Mirtha Guianze, Fiscala Letrada Nacional, Uruguay; Dra. Analía Aucía, Abogada, Rosario, Santa Fe, CLADEM Argentina
CLADEM Uruguay. Comité de Latinoamérica y el Caribe por la Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres.


http://www.asuntospublicos.tv/conferencias/728/?playlist=177#.T3UMC2-kZQY.email

miércoles, 28 de marzo de 2012

La diaria 28 3 12 La Justicia argentina avanza en la investigación sobre la violencia sexual en el marco del terrorismo de Estado.

Para empezar a hablar
 
Marina González
 
 
Aucía Analía.jpgDesde fines de 2011 los fiscales argentinos tienen instrucciones de que los abusos sexuales cometidos durante la dictadura no se incluyan entre las prácticas de tortura sino como un delito específico, como otro crimen de lesa humanidad, con el objetivo de darles una visibilidad que hasta ahora no han tenido. Ése fue uno de los resultados del trabajo de varias organizaciones de la sociedad civil. Una de ellas fue el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem), en el que trabaja la abogada argentina Analía Aucía.
 
 
El Cladem publicó en 2011 el libro Grietas en el silencio. Una investigación sobre la violencia sexual en el marco del terrorismo de Estado. Ese trabajo y las acciones ante la Justicia impulsadas por el Cladem y otras organizaciones pusieron en evidencia el carácter masivo que tuvieron esos delitos durante la dictadura argentina y sirvieron de base para que la Procuraduría General de la Nación instruyera a sus fiscales sobre la -aún escasa- jurisprudencia que existía sobre el tema en el país y la necesidad de tratar los delitos de violencia sexual ya no como “tormentos” sino como crímenes de lesa humanidad, acorde a las figuras específicas que hay para la violencia sexual en las normas argentinas, y tomando en cuenta la legislación internacional que se aplica a estos casos.
 
 
La abogada argentina Analía Aucía que participó en la investigación del Cladem, es también profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de Rosario y asesora en materia de género y diversidad sexual de la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la provincia de Santa Fe. Visitó Montevideo la semana pasada con motivo del taller subregional del Cladem “Construyendo puentes para saldar las deudas de los Estados: La violencia sexual contra las mujeres en terrorismo de Estado y situaciones de conflicto armado interno”. En ese marco, dialogó con la diaria.
 
 
-¿Cuánto se sabe de la violencia sexual en el terrorismo de Estado? Las propias víctimas hablan poco del tema.
 
 
-Están empezando a hablar, por lo menos en Argentina. Cuando hablamos de terrorismo de Estado no hablamos de un conflicto armado sino de un contexto represivo, que es diferente. En los países del Cono Sur que estuvieron bajo la égida del Plan Cóndor no hubo ningún conflicto armado, ninguna guerra, sino terrorismo de Estado. Es decir que el Estado aplicó, utilizando agentes de policía, militares y civiles de derecha, en alianza y con el apoyo económico y logístico de Estados Unidos, mediante la CIA, métodos terroristas para combatir lo que consideraban el enemigo interno: las fuerzas sociales de izquierda que de muchas maneras se oponían a la implantación de determinado modelo político. La represión, en su sentido amplio, usa diferentes métodos para atacar a diferentes víctimas, mostrar lo que el Estado puede hacer e infundir temor, lo que le permite docilizar al resto de la sociedad y controlarla. La violencia sexual hacia las mujeres siempre fue un instrumento de represión, de conquista, siempre estuvo presente en cualquier conflicto y contexto represivo, como en la Segunda Guerra Mundial, en los Balcanes... Es moneda corriente el querer apropiarse del cuerpo de las mujeres.
 
 
-¿A qué se debe esto?
 
 
-Los contextos represivos no son neutrales al género. La desigualdad de género que existe en cualquier momento no conflictivo se recrudece en estos períodos por diferentes razones o quizá con diferentes objetivos. Por lo general las mujeres somos vistas como un cuerpo apropiable, somos objetificadas por una mirada patriarcal tanto por parte del Estado como de la sociedad en general. Tanto nuestro cuerpo como nuestra sexualidad parece que estuvieran disponibles, en el imaginario social, para satisfacer los deseos masculinos que serían irreprimibles. En el marco del terrorismo de Estado hubo un especial ensañamiento con las mujeres vinculado a su participación social y política. Las que pertenecían a determinados movimientos sociales y políticos, que tenían una adscripción sindical, etcétera, eran vistas como mujeres que transgredían el rol vinculado a lo doméstico, al de ser esposas y madres, que la cultura y la sociedad les atribuye.
 
 
-¿Eran doblemente castigadas?
 
 
-Claro, porque eran doblemente transgresoras. Transgredían los valores occidentales y cristianos que las Fuerzas Armadas querían preservar; para eso se instalaron todas las dictaduras en América Latina, para imponer un modelo occidental y cristiano que rechazara la invasión comunista. Además de transgredir esto, de ser ciudadanas irrespetuosas de la ley y el orden, transgredían su espacio propio, construido culturalmente. Para los represores, los varones militantes eran un par, por supuesto con una desigualdad de poder que les permitía torturarlos, violarlos también, y una serie de cosas que tienen que ver con los métodos represivos.
 
 
-Los abusos sexuales a los hombres son todavía menos conocidos.
 
 
-Porque el tabú es mucho mayor. Las cuestiones de estereotipos y características de género que se juegan en la violación son distintos para mujeres y varones. Lo que pasa es que, si bien los varones también sufrieron violencia sexual -por lo menos es lo que muestran los testimonios que hemos relevado en nuestra investigación-, la violencia sexual hacia las mujeres fue masiva, sistemática y tuvo especial ensañamiento. Había mensajes de género, los represores daban lecciones a las mujeres, las sermoneaban por haber transgredido sus roles. Cuando estaban siendo torturadas y les decían “¿viste lo que te pasó, puta de mierda?”, hay una connotación clara: una mujer que se sale del rol tradicional de estar revolviendo la olla de guiso es una puta. Lo es si sale a la calle, si va al sindicato o a un partido político, y mucho más en los años 70. Estas relaciones de género también estaban presentes en las propias organizaciones sociales y en la guerrilla, que las reproducían.
 
 
-¿El abuso sexual era una manera de conseguir información?
 
 
-A muchas mujeres las violaban y las penetraban con picana sin que hubiera ningún tipo de interrogatorio. Esto demuestra que los objetivos del terrorismo de Estado a la hora de torturar o de aplicar violencia sexual no eran sólo obtener información sino también quebrar a las víctimas, mandar un mensaje a la sociedad, destruir un sector social de juventud, de gente comprometida, militante, con ganas de cambiar las cosas. Por eso muchas de esas personas fueron luego liberadas.
 
 
-Hoy se empieza a hablar un poco más de la violencia sexual. ¿Cómo se traslada esto a la Justicia? No debe de ser fácil para un juez preguntar sobre el tema.
 
 
-La mayor invisibilidad proviene del propio Poder Judicial. Eso es lo más complicado. Preguntar sobre una violación sexual no es lo mismo que preguntar sobre un simulacro de fusilamiento o sobre la aplicación de picana en los talones. Cualquier persona puede decir con facilidad que la torturaron, que le hicieron submarino, el plantón…
 
 
-Tampoco es tan fácil hablar de eso.
 
 
-Claro, pero es más fácil que decir “fui violada”. Desde el Cladem se empezó el trabajo de a poco, con un recurso, un Amicus Curiae [cuyo texto está disponible en ladiaria.com.uy] que presentamos en una primera causa, en la provincia de Buenos Aires [en febrero del 2010, en la causa “Riveros”, en un tribunal de San Martín].
 
 
Un Amicus Curiae significa en latín “amigo de la corte”; es alguien que no es parte del proceso -no somos ni representantes de la víctima ni del Estado- sino una parte externa interesada en cuestiones que se están dilucidando en el juicio y que tiene algo para decir por su experticia, su trayectoria. De esa forma se presentó una serie de argumentos, jurídicos, sociológicos y el Amicus Curiae fue tomado por un fiscal de la provincia de Santa Fe, que usó esos argumentos. Alguna prensa amiga, que se interesa por el tema de los derechos humanos -estoy hablando de Página 12- le empezó a dar difusión, en el marco de una serie de charlas y entrevistas en los periódicos.
 
 
Al poner el tema en agenda -no sólo fue obra del Cladem- se logró que la Procuraduría General de la Nación, a cargo de todas las unidades fiscales de derechos humanos, emitiera [en octubre de 2011] un instructivo destinado a todos los fiscales [ver adjunto] en el que se indica cómo tienen que investigar y sancionar la violencia sexual. Ese instructivo cita los trabajos de todas las organizaciones que en estos últimos dos años estuvimos trabajando el tema, retoma otro Amicus Curiae nuestro presentado en Mendoza el año pasado y declara que los delitos sexuales deben ser juzgados como delitos autónomos, no subsumibles al delito de tortura, porque es claro que violar con picana es tortura, pero también es violación. Además de la tortura, hay que agregar otro delito, porque si no, se invisibilizaba la violencia sexual.
 
 
-La violencia sexual en el marco del terrorismo de Estado se considera crimen de lesa humanidad.
 
 
-Claro. Si no estaría prescripta. Te lo digo como si fuera claro, pero no es tan claro. Uno de los objetivos de nuestra investigación fue demostrar que son crímenes de lesa humanidad y, por lo tanto, imprescriptibles.
 
 
-¿Todos los jueces aplican el instructivo? ¿Hay medidas de acompañamiento para el personal judicial?
 
 
-Todavía es un problema el de cómo sensibilizar a los jueces. Tienen muchas resistencias aún a la hora de aplicar lo que la sociedad mayoritariamente acepta: que hubo tortura, que hubo persecución y desaparición forzada. El propio Estado debería capacitar a sus funcionarios, a sus jueces y juezas, pero no lo está haciendo. Que haya emitido ese documento es un primer paso. Que haya jueces en Argentina que hayan condenado por violencia sexual como un delito autónomo es otro paso importante y va teniendo efecto en el resto. No tenemos una Justicia, ni una sociedad, que esté preparada para tratar este tipo de delitos, para que las víctimas puedan declarar en un espacio de intimidad y de privacidad. No se trata de exponer a las víctimas en un espacio de revictimización, si es que no quieren denunciar. La idea es que las mujeres se sientan acompañadas; que la Justicia no haga oídos sordos; que cuando una mujer diga “cometieron fechorías conmigo”, sepa entender que no está diciendo “me aplicaron picana en la sien”, está diciendo otra cosa. Tiene que ser una Justicia con mirada de género, que sepa que la desigualdad de género está presente en todos lados y que comprenda que forma parte de las relaciones entre mujeres y varones. Una Justicia con mirada de género debe saber respetar cuando no se quiere hablar, pero cuando sí se tira alguna información, avanzar y apoyar a la víctima a que declare, hacerla sentir contenida, respetada.
 
 
Marina González
 

miércoles, 7 de marzo de 2012

Ex presas políticas declaran ante el juez

"Este martes declararon ante la Justicia varias mujeres presas que presentaron una denuncia contra varios centros de detención por violencia sexual. En la causa también se denuncia a mujeres torturadoras. "Fueron cosas terribles y el dolor sigue presente", afirmó una las denunciantes."


http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_162203_1.html